Errores de Ellas y Ellos en la cama

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Primero empezamos con los errores de los Hombres:

  • Besar mal: hay hombres que se creen que la boca es una segunda vagina a la que penetrar con la lengua, y besan de forma violenta y mecánica, sin la sensibilidad y el tacto que necesitan la mayoría de las mujeres. El beso es la antesala del coito así que, antes de nada, aprende a besar.
  • No prepararse para el sexo: ellas se lavan, se peinan, se maquillan, se acicalan… Pero muchos hombres se ponen a fornicar sin ni siquiera darse la reglamentaria ducha y el afeitado de rigor. No se trata de hacerse metrosexual a estas alturas, sino de que ella no sienta que está en la cama con un homeless.
  • Ser demasiado impetuoso: sí, todos hemos tenido nuestros períodos de vacas flacas lúbricas y sentido ansias irreprimibles de penetrar, tocar, besar y agarrar, pero es mejor estar tranquilo o, al menos, parecerlo. Por eso, hay que cuidar los prolegómenos, ir poco a poco, acariciar bien, desnudar lentamente… y dejar la vagina para el final.
  • Hablar demasiado bien de tus ex novias o amantes: aunque sea mentira, júrale que ella es la número uno, sobre todo justo antes, durante o justo después del coito.
  • Sodomizar a traición: a muchas mujeres no les gusta el sexo anal. Si la vas a sodomizar, pregunta, sugiere, invita y prepara antes bien su culito con saliva, dedos o lubricante. Pero no lo hagas de sopetón o fingiendo equivocarte de agujero.
  • Estrujar los pechos como si fueran pelotas antiestrés: los pechos de una mujer, por mucha silicona que tengan, son muy sensibles, especialmente durante la menstruación. Chuparlos con demasiada fuerza, morderlos, estrujarlos o arañarlos no es buena idea, salvo que ella sea masoquista.
  • Lenguaje ofensivo: insisto, por suerte o por desgracia, la vida no es una peli porno y, por eso, aunque a todas las mujeres les encanta recibir piropos relacionados con su anatomía, muy pocas se ponen más cachondas cuando les gritan al oído perlas como “bombea, guarra”, “traga, puta”, “toma, zorra” o “lame, cerda”. Si no se te ocurre nada mejor, cierra la boca o búscate una guiri que no sepa español.
  • Ser demasiado bestia: sí, hay chicas guerreras que piden magreos, azotes, chupetones e incluso bofetones, pero la mayoría prefieren que las acaricien suavemente, que las laman sin dejar marcas y que estimulen sus zonas erógenas sin hacerles pupa. El órgano femenino más importante de la mujer no es la vagina, es la piel. Tenlo siempre presente. En cuanto a la felación, es algo que debe hacerse con tacto, no agarrando, avasallando, empujando su cabeza para que traguen más, atragantándola y provocándole arcadas, terminando por eyacular en su cara o boca sin avisar. La vida real no es una película de Rocco Siffredi y el sexo es cosa de dos: lee su pensamiento y, si no sabes, pregunta.
  • Acabar antes de tiempo: la mayoría de los hombres llegan al orgasmo antes que la mujer. Si tú estás entre ellos intenta durar lo más posible y, si llegas al clímax antes que ella, usa tu lengua, tus dedos o tu lo que sea para dejarla satisfecha.
  • Prisas postcoitales: sí, en los pulps o en las pelis de Charles Bronson, una vez que termina la faena, el tipo se levanta, se viste, le da 20 dólares a la chica para que se compre algo bonito y se va por donde ha venido con un pitillo entre los labios. Pero en la vida real no es así como se comporta un caballero. Un abrazo, unos besos, unas caricias y unas palabras bonitas no cuestan nada y la harán sentir mucho mejor, aunque sólo sea el polvo de una noche.

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Ahora, los errores de las Mujeres:

  • Apretar demasiado los testículos: hay mujeres que piensan que los “huevos” son de goma y los agarran, estiran o (en el peor de los casos) muerden provocando que su amante vea las estrellas y/o sufra un gatillazo. También hay que tener cuidado para no masturbar el pene demasiado fuerte ni hacerle daño con los dientes durante la felación.
  • Comparar el tamaño del pene que tiene entre manos con el de antiguas parejas: sea más grande o más pequeño, es un comentario que resulta de muy mal gusto.
  • Tumbarse a la bartola y permanecer inmóvil, dando por hecho que el hombre hará todo: en efecto, a ciertos hombres les gusta que las mujeres no se muevan, o incluso se hagan las muertas, pero otros prefieren sentir que están copulando con un ser vivo.
  • Descuidar las zonas erógenas secundarias: vale, el placer del hombre se concentra en el falo, pero sus pezones, sus nalgas, su cuello o su vientre (entre otras cosas) también existen.
  • Ejercer de “calientapollas”: está muy feo ligarse a un hombre, dejar que te invite a copas o algo peor, subir a su casa, dejar que te bese, te meta mano por todas partes y, cuando llega la hora de la verdad, poner pies en polvorosa, dejando al tipo que se alivie solito.
  • El “sábado-sabadete”: Julio Iglesias, que ha practicado sexo con más de 4.000 mujeres y sabe un rato de estas cosas, canta que “amarse no tiene horario ni fecha en el calendario”; muy cierto: establecer un día y una hora para copular hace que el acto pierda morbo.
  • Lamentarse inmediatamente antes, durante o justo después del acto: no es el momento de lloriquear porque echas de menos a tu ex, porque te sientes fea o porque la vida te trata muy mal. Se supone que el buen sexo te hace olvidar todo eso.
  • Sentirse dolida, enfadada, insultada o decepcionada si el hombre no funciona: esto se debe al mito de que los hombres siempre tienen ganas de follar, lo cual es falso incluso en la era de la Viagra: un hombre es un ser humano, no un consolador, y puede que no sea el momento ni el lugar para el sexo. Tranquilízate, ten paciencia, habla, escucha, acaricia, siente y, tal vez, la cosa empiece a funcionar. Si no, mañana será otro día.
  • Ser demasiado remilgada: el sexo es sucio y va más allá del mete-saca vaginal. Negarse en redondo a experimentar, a practicar sexo oral o anal, a ensuciar o manchar demasiado, limpiar rápido todo después del coito… son cosas que cortan el rollo. Relájate y déjate llevar.
  • Ponerse a limpiar y recoger el desaguisado postcoital: reprime tus instintos marujiles y espera un poco, mujer, que no va a pasar nada porque la colcha se haya manchado o la ropa esté tirada por el suelo. Disfruta del “después” y ya recogerás más tarde.

Nota publicada en Capich.com.mx