De los EX

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Ayer domingo comí con un amigo. Me llamó para contarme algo acerca de su novia. Claro, ya cuando estaba atacando mi sopa me di cuenta de que ya no andaban. Me dijo que habían terminado un mes antes, lo cual puede darles una idea de lo pendiente que estoy de los asuntos de mis cuates. En fin, me describió la situación que estaba viviendo y yo me sentí como si hubiera visto la programación de un canal de cable por cinco días seguidos. No conocí a su novia, cuando nos vemos siempre es para beber cerveza, fumar, jugar videojuegos… lo usual. Sabía de ella por lo que me contaba, que era poco. Pero con lo que me dijo el domingo, me di cuenta de que era una estúpida. También reconocí las etapas por las que pasan esas mujeres estúpidas al terminar una relación. A saber:

La etapa Rachel

Después de decidir que la relación se ha terminado, la mujer no toma la distancia respetable que debería para que el hombre pueda salir y tirarse alguna amiga o recién conocida. Oh, no señor. En lugar de eso, al día siguiente le escribe un mail al ex-novio, para preguntarle cómo está. Usualmente es muy largo y se resume a ‘quiero ser tu amiga’. Ajá, pueden salir cosas verdaderamente tenebrosas de la mente de una mujer. ‘Quiero ser tu amiga’. Como si existiera un switch que pudiéramos activar. Se sienten Rachel de Friends, y creen que pueden comportarse como un personaje de sitcom y convertirte en el pendejo de Ross. Eso sí, firman el correo con ‘Besos, te quiero’. ¿Qué puñetas significa eso?

La etapa secreto a gritos

Después de unos días, la ‘nena’ sigue llamando y preguntando al flamante ex-novio el por qué de su tono frío al contestar cada una de las cinco llamadas diarias que hace a su celular. La respuesta siempre es polite: ‘tengo mucho trabajo’, ‘me dió gripa’ o ‘me preocupa la situación en Timor Oriental’. Nunca se le menciona la verdad ‘me caga que me llames, ya no somos nada’. De manera inevitable, en alguna parte de la conversación ella pregunta por las actividades de fin de semana de él. De nuevo, la cosa es polite ’supongo que descansar. ¿Y tú?’ Todo hombre sabe que ese ‘¿y tú?’ es una pregunta retórica. Claro que ella aprovechará para contestar con evasivas ‘eeeh… es que no sé… yo….’, para hacerle saber al tipo que tiene planes, pero que no se los dirá completos. Lo que nunca ven es que mientras ella dice eso, él ve su reloj, levanta la vista aburrido y golpetea el suelo con la punta del zapato derecho.

La etapa Sopa de Tortilla

Creo yo, es la determinante para medir el grado de pendejez de una mujer. La he visto unas seis veces y me sigue maravillando. En este punto, ella ya salió con cuanto güey le presentaron, alguno de ellos tenía novia o estaba casado y otro sólo se la cogió y no volvió a saber de él. Los mails sicóticos siguen y las llamadas al celular desembocan en una ida al cine que no debería suceder. Ya en la sala, puede ser durante los cortos o la película en sí, ella suelta un ‘guau’ si sale Angelina Jolie, Monica Bellucci o Scarlett Johansson en la pantalla. Luego, un ‘uuuuf’. Las expresiones siguen, a menos de que el galante ex-novio muestre interés. Cuando lo hace, ella se niega a contestar, pero sin que le insistan mucho lo hace durante el cafe post-película. Se ha dado cuenta de que le gustan las mujeres. Un-fucking-believable. Aclara que no es lesbiana, pero que está abierta a experimentar, que fue a un bar ‘de esos’ con un par de amigas y que bailó con una de las chicas que estaban ahí. Él sólo dice unos cuantos ‘ok’ y ‘ah’. Ella dice que, de estar con una mujer, tendría que ser muy bonita y femenina. Él se pregunta por qué coño se tardan tanto para traer la cuenta, para escapar de la locura.

La etapa ‘me di cuenta de mi error’

Después de varios mails no respondidos y llamadas al celular rechazadas, la muy bruta pide que se vean. Primero, reconoce que la etapa anterior era una estupidez, que no se lo está pasando bien y después saca a la luz recuerdos de ‘cuando éramos felices’. De hecho, ella pide que coman en ese restaurante al que iban habitualmente, le roza la mano varias veces y sonríe como drogada. Menciona una y otra vez los planes que tenían juntos y los lugares que visitarían. Al final, suelta la frase clásica ‘¿a poco tú no me extrañas?’, que puede estar acompañada de una promesa de sexo sin compromisos (ay, bueno, de todas maneras ya nos conocemos) o de la propuesta de que se vean más seguido, todo ello con la poco secreta intención de reconstruir una relación que ya no funcionaba, y que no funcionará nunca más. El tipo se la tira una o dos veces y un par de semanas después le anuncia que ya no pueden verse, porque está saliendo con alguien, a lo que la mujer estúpida reacciona dolida y ofendida, lo crean o no. Luego le recalca lo hijo de puta que es por ‘haberla engañado’ para cogérsela otra vez, que él no vale la pena y demás tarugadas que seguramente aprendió en una canción de Lupita D’Alessio. Y se pierde en el vacío de las ex-novias que quisieras jamás recordar… claro, hasta que necesita un favor o el dude se entera de que sale constantemente con una de sus hermanas o su propia madre, porque ‘mi amistad con ellas no tiene nada que ver contigo’.

La ex de mi amigo (le prometí no poner su nombre, aunque nadie acá lo conoce) está en la etapa Tortilla Soup. No sabe que hacer. Espero que esto le sirva de referencia no sólo a él, sino a todos esos valientes que se atreven a conservar el contacto con esos manojitos de locura. En fin.